A pesar de la distancia.
Un año conocí a un chico mientras estaba de vacaciones de Mallorca. Este chico había ido de vacaciones como yo y no vivía allí. Él vivía en Madrid y yo en Barcelona.
Nos alojábamos en el mismo hotel en Mallorca y la verdad es que me fijé en él el primer día que le ví. Era un chico normal para toda la gente con la que hablaba, pero para mi no era normal, era un chico especial. Para mí, tenía una belleza que nadie podía ver, una sonrisa que nadie podía admirar y una voz que nadie a nadie podía enamorar más que a mí.
Los primeros días me quedaba mirandole mientras él no se daba cuenta y cuando se percataba, yo apartaba la vista avergonzada. La verdad es que no sabía como hacerlo para lograr hablar con él. No sabía si debía ir directamente y presentarme o ganarme su atención de alguna otra manera…
Pasaron 2 días y tenía miedo de que se fuera del hotel, poco a poco mi tiempo pasaba y si no me daba prisa en ir a hablarle me tendría que volver a Barcelona sin saber si siquiera su nombre. Por eso, esa misma noche decidí ir donde él mientras una orquesta amenizaba la velada en el hotel. Mientras me dirigía hacia él miles de dudas inundaban mi cabeza, no tenía claro si lo estaba haciendo bien y tenía miedo a ser rechazada, a no gustarle. Pero, a pesar de ello respira hondo y seguí para delante. Cuando llegué donde él su preciosa sonrisa me saludó y fue la ayuda que necesitaba para comenzar a hablarle. Cuando comenzamos a hablar, le pregunté como se llamaba y de donde era… y…¡me quedé en blanco! no sabía qué ás decirle… Él se percató de que yo lo estaba pasando realmente mal y me susurró al oído: ¿vamos fuera?. Sin esperar ni siquiera mi contestación, cuando me dí cuenta él ya estaba caminando hacia la puerta del hotel y yo,muy nerviosa, le seguí.
Cuando salimos del hotel recuerdo una noche estrellada y bonita. Era verano así que no hacía frio. Nos sentamos los dos en un banco de la terraza del hotel y me comenzo a hablar mientras me miraba a los ojos. Su mirada y sus labios me derretían pero yo no podía controlar mi nerviosismo.
Él se dió cuenta y me dijo: “¿Estás muy nerviosa, no?” Yo le asentí con la cabeza y él me volvió a decir :”¿Te gustaría estar más tranquila?” Yo le volví a asentir y antes de que abriera la boca para decirle “sí” me regaló un maravilloso beso a la luz de la luna. Fue un beso que nunca olvidaré.
Los días siguientes fueron geniales, pasamos mucho tiempo juntos y nos conocimos. Desgraciadamente, llegó la hora de volver a Barcelona, y, cuando me iba, el me susurró al oído: “Nunca te dejaré ir”. Lo cierto es que es un hombre de palabra y nunca me dejó marchar. A pesar de la distancia que nos separaba entre Madrid y Barcelona, y a pesar de que esa distancia era a veces muy dura, incluso hacía que tuvieramos crisis y problemas que no nos gustaban. A pesar de todo ello y después de 4 años viviendo una relación a distancia, decidí irme a Madrid a vivir para disfrutar completamente de la persona que amaba.
Hoy endía vivo con él y somos muy felices. Es el amor de mi vida.
Ana. Barcelona